sábado, 13 de junio de 2020

Día del Escritor : Augusto Monterroso, Decálogo del buen escritor

Decálogo del Buen Escritor
   Algunos dicen que para ser un buen escritor solo hace falta eso, escribir. Otros, un poco más apocados, plantean reglas, métodos, dinámicas de trabajo o, como mínimo, leer un libro (como mínimo) al mes. No cualquier libro. Como sea, escribir, o escribir bien, es, a gusto de quien teclea estas líneas, la ciencia de la paciencia. Y como toda ciencia es bueno tener algunas pautas interesantes a la hora sentarte y plasmar sobre el pape (o pantalla) tus primeras líneas. En este sentido, Augusto Monterroso nos da diez (o doce) consejos para tener en cuenta. 
Primero. Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre. 
Segundo. No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia. 
Tercero. En ninguna circunstancia olvides el célebre dictum: «En literatura no hay nada escrito».
 Cuarto. Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.
 Quinto. Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.
 Sexto. Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bioy. 
Séptimo. No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el
Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de
vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.
Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los
poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que
emana de estas dos únicas fuentes.
Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree;
cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede
acompañar a un escritor.
Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo
es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente
lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.
Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que
tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías
meterte en este oficio.
Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des
obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus
creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratara
de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.
El autor da la opción al escritor, de descartar dos de estos enunciados, y
quedarse con los restantes diez.

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